Uno de los míticos pumas de piedra, que según los principales cronistas como el Inca Garcilaso de la Vega, Cieza de León y Polo de Ondegardo, custodiaba la puerta principal del templo del Koricancha durante el incanato, fue entregado en donación por las herederas de la familia Díaz Luna al Ministerio de Cultura, a través de la Dirección Regional de Cultura del Cusco.
La escultura lítica se presenta sentado en una base poligonal trabajada en roca andesita, presenta ojos y dentadura en bajo relieve, orejas erguidas con faltante de un segmento en la oreja izquierda, picaduras en cuerpo y cabeza con pigmentos rojo, ocre y verde en la boca, nariz, pata, cola y base con 50 centímetros de altura, 56 centímetros de largo y 29 centímetros de ancho.